jueves, 22 de marzo de 2012

Calle Latinoamérica

Has dejado parte de tu compañía

para que la vida no se sienta tan sola.


El cielo tendido de emociones parecía brillar por momentos como por pequeñas ráfagas o como por pequeñas lagunas entre los borbotones de nubes. El cielo parecía gotearnos luz, ahogándonos.

La tarde es dolorosamente mustia; se marchitan los recuerdos y los olores. Ahora que no estás, esperar es mi rutina.

Fumé un porrito en el parque del vecindario, cansado sin saber por qué, quizás mis ojos se habían agotado del estupor de la frescura mañanera o quizá no soportaba la patética belleza de los niños jugando, pues eso era, odio a los niños.

Caminando (o escapando de esas risas jóvenes) llegué hasta “Calle Argentinita”, una calle estrecha donde hay un viejo teatro abandonado, monumento que parece resquebrajar el tiempo y que con su lúgubre color óxido parece inundar de tristeza la calle. Pues bien, hasta antes del 1964 dicha calle no tenía nombre, pero en los años 50’s contaba con uno de los más grandes y mejores teatros de la época, que tenía entre sus mayores artistas a una bailarina argentina llamada Eneida Lope Juve, considerada como una de las mejores bailarinas del mundo. Es por eso que la calle tomó el nombre de Argentinita años después de que Eneida regresara a su natal Buenos Aires. Aunque la calle oficialmente se llamara Argentinita desde 1972, por estos últimos años se le ha comenzado a llamar calle Latinoamérica, no ya por la afamada bailarina sino mas bien por qué las prostitutas más baratas de toda Barcelona eran latinoamericanas y estaban en la calle Argentinita.

Suponía que siempre me gustó Latinoamérica, o por lo menos las partes más húmedas que conocía.